Monte Shosha.
El monte Shosha es, sin duda, una de las joyas escondidas que tiene Japón. Se trata de un complejo de templos enclavados a lo largo de una montaña, entre la naturaleza, en la prefectura de Hyogo. Fuente de purificación para entrar al Mani-den. La manera más sencilla de llegar es tomando un autobús desde Himeji para llegar al pie de la montaña y un teleférico para llegar a la entrada de los templos. Nosotros fuimos en otoño, por lo que pudimos disfrutar del exquisito cambio de color de los arces. Shoshazan y su templo Engyoji están dedicados a Kannon, a Buda y a los espíritus shintoístas; fue construido hace poco más de mil años y es parte de una ruta de peregrinación que inició un emperador retirado junto con un sacerdote de la época. Caminar por lo templos y edificios de Shosha es un deleite. No hay tanta gente, es enorme, está lleno de construcciones, detalles y veredas. Estar ahí es regresar al tiempo de los emperadores y los samurai. Es regresar al Japón...