Monte Shosha.

El monte Shosha es, sin duda, una de las joyas escondidas que tiene Japón. Se trata de un complejo de templos enclavados a lo largo de una montaña, entre la naturaleza, en la prefectura de Hyogo.

Fuente de purificación para entrar al Mani-den.

La manera más sencilla de llegar es tomando un autobús desde Himeji para llegar al pie de la montaña y un teleférico para llegar a la entrada de los templos. Nosotros fuimos en otoño, por lo que pudimos disfrutar del exquisito cambio de color de los arces.



Shoshazan y su templo Engyoji están dedicados a Kannon, a Buda y a los espíritus shintoístas; fue construido hace poco más de mil años y es parte de una ruta de peregrinación que inició un emperador retirado junto con un sacerdote de la época.

Caminar por lo templos y edificios de Shosha es un deleite. No hay tanta gente, es enorme, está lleno de construcciones, detalles y veredas. Estar ahí es regresar al tiempo de los emperadores y los samurai. Es regresar al Japón medieval.

Mani-den, el primer edificio grande al que se llega. Está dedicado a Kannon, y tiene una terraza ancha desde donde se tienen muy buenas vistas de la montaña.




Interior de Mani-den.




Vista desde la terraza.


Caminando por Shosha.


Como atractivo extra, Shosha y sus templos fueron escenario de varias partes de la película The Last Samourai (Tom Cruise).



Este lugar con tres edificios con una plaza al centro se llama Mitsuno-do.
Daiko-do a la derecha y Jiki-do al fondo, dos de los tres edificios que forman parte de esta plaza interior, de las más interesantes que he visto en Japón. 

Tom Cruise entrando a Mitsuno-do, con Daiko-do al fondo (foto tomada de internet)

Detalle de Daiko-do, el edificio budista más importante de la montaña.



Se respira una atmósfera muy tranquila, dan ganas de quedarse horas aquí.

Interior de Jiki-do, que en su origen fue destinado para dormitorio de monjes peregrinos.








Al final de la caminata, a manera de cúlmen, se llega a Goho-do, en donde hay dos santuarios shintoístas (dedicados al dios del fuego y el dios de la guerra) y al fondo está el Kaizan-do, en donde están las cenizas del fundador de Shoshazan.




En Kaizan-do están los restos del sacerdote Shoko Shonin.

Se necesita casi todo el día para recorrer con calma los lugares más importantes del complejo, pero vale la pena ya que se trata de un lugar místico, con historia y atmósfera especiales; con poca gente y con paisajes y vistas espectaculares. Es como regresar a la época en la que los samurai gobernaban Japón, los emperadores hacían peregrinaciones y los dioses protegían a los sacerdotes.

Comentarios

  1. Hola mexicano en Japón, te escribe una mexicana en Corea del Sur jaja
    He seguido tu blog desde hace años y desde siempre me han gustado tus entradas, ya que me hacían sentir un poquito más cerca de aquel país que en realidad se encontraba muy lejos. Probablemente este año pueda viajar a Japón y eso me tiene muy emocionada, gracias por todos los consejos que has dado a través de tu blog. Perdona por prácticamente nunca haber comentado nada, la verdad es que soy muy tímida y penosa. Espero que te encuentres muy bien. ¡Saludos!

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    Respuestas
    1. ¡Hola! Muchas gracias por escribir y por leer el blog. Si vienes a Japón avísame antes por favor!!! :D

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    2. Ok, con gusto te lo haré saber, aunque creo que será ya casi a finales de año.

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